Domingo, 06 de diciembre de 2009
En ocasiones existen muchas formas o vías para alcanzar algunos objetivos en la vida de las personas en ese campo que se llama el arte. También en ocasiones, los que llegan al climax del triunfo no son los más talentosos, tan es así, que hay quien adquiere su mayor relevancia en tribitos y fama, luego que han dejado de existir, después de que toda su vida han sido desconocidos y es que hay algo que se llama oportunidad, que aunque la pintan calva, no siempre se alcanza en la vida, por lo que nadie que se sienta grande en lo suyo no debe frustarse por el simple hevcho de no haber alcanzado la cima y el reconocimiento.
Pero también junto a la oportunidad, hay otras actitudes colaterales que coadyuivan al logro de esos objetivos, aunque en ella no haya nada de arte sano.
En el caso del artista cubano, como todo en Cuba, luego del proceso político en que se ha visto envuelta, uno de etsos mecanismos ha sido por supuesto el aspecto político en el arte impuesto por principios castristas de la cultura que expresa que "dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada" presente en todas las tesís del discurso de Fidel Castro.

Puedo citar dos ejemplos de artistas que se sintieron por encima de esas máximas y abandonaron el país, con una mano delante y otra detrás, luego de perderlo toto y se impusieron con toda su calidad, ningun artista más ejemplarizante en ese aspecto como Celia Cruz y Olga Guillot, admiradas, conocidas y respetadas en una buena parte del mundo.

Otros dos artistas que se plegaron a esas directrices y mediante el halago sin condiciones tambén han sido reconocidos en muchos países y ninguno mejor puede representar a este grupo, como Silvio Rodriguez y Pablo Milanés quienes sin abandonar, sobre todo el primero su lacayismo, han logrado hacer una fortuna y al mismo tiempo ser llamados compañeros por los geriátricos gobernantes castristas.

Sin dudas que en los cuatro ejemplos, existe el talento junto a sus actitudes políticas ante la vida y la sociedad. En cuanto a la calidad humana de ellos, ya el análisis marcaría diferencias , muy sustanciales por supuesto.

El hecho en sí, es que los que abandonan la Isla, siguen luchando con su arte como único medio, unos logarn más y otros menos, de acuerdo a su talento y a las oportunidades que se le ofrecen, pero, siempre sin tener que plegarse a política alguna.

Los que se quedan, muchos han logrado que sus canciones circulen por toda la Isla sin el más mínimo apoyo de las cadenas de radiodifusión o Televisión y los órganos de cultura y en ocasiones su talento ha trascendido las fornteras por medio de ese fenómeno tan poderoso que se llama la Internet.

Pero para ser aupados por el fracasado sistema político son aquellos que les siguen lamiendo las botas y que en ocasiones, hasta se prestan a las agendas políticas de la dictadura. En este caso, se encuentran los más antiguos, tres de ellos son analizados en este escrito de Alejandro Rios, publicado en el Nuevo Herald y el cual les invito a leer:


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ALEJANDRO RIOS: Aquí y allá
By ALEJANDRO RIOS

Tan pronto aterrizan empiezan a sentir los destellos benéficos de la libertad que no disfrutan en su propio país. Ningún aduanero trata de congraciarse para ver si les tumba algunos dólares. Han pisado el mítico suelo del llamado imperio, el de la confrontación de medio siglo, en la ciudad satanizada por su gobierno. No se les ocurre seguir viaje a otro sitio, donde serán unos desconocidos y la prensa impertinente no les hará preguntas inoportunas. Los familiares están aquí, los amigos que no piensan como ellos y a veces debieron abandonar el país seguidos por hordas vocingleras y revolucionarias son felices de este lado del conflicto.

Allá se ven crispados y hasta envalentonados. Aquí se relajan y disipan, pueden jugar a la civilización, simular que son artistas apolíticos, religiosos, civiles que no necesitan un permiso para salir de su país y que nunca deben rendirles cuentas a la policía política directamente o a funcionarios oficiales que desempeñan esos menesteres. Cuestión de sacar pasaje, cerrar la casa y montarse en un avión.

Omara. La diva tiene pose de diva y acepta la entrevista del maldito periódico. Por suerte la reportera es americana, aunque el fotógrafo es un cubanito impredecible. Le celebran sus virtudes y la longevidad del oficio. Pero luego la arrinconan y sale a la palestra la dichosa carta que alguien le firmó donde se enuncian medidas extremas en aras de salvaguardar la revolución, licencia del gobierno para fusilar a tres jóvenes de su propio color que intentaron secuestrar una embarcación con rumbo norte. En el video de la entrevista hace como una mueca, se perturba. No quiere que le recuerden ese capítulo. Prefiere hablar de Buena Vista Social Club, ni siquiera de su hermana. Luego de recibir un premio Grammy le dice a una agencia de prensa que todos seríamos más felices sin el bloqueo.

Juan. Al director de orquesta nadie le hace un cuento. Es un guapo de seda nacido y criado en el barrio. Su orquesta tiene nombre de zafra fracasada. Al finalizar el concierto del colombiano en La Habana tuvo un exabrupto poco elegante, de oficial tocando a degüello. Ya sereno, dispuesto a celebrar el triunfo, una corresponsal de Miami lo sigue con su cuestionario incisivo y, para quitársela de encima, termina por confesarle que los periodistas de la primavera negra del 2003 estaban presos porque algo malo habían hecho. Luego quiso lucirse y agregó una perla de su propia inspiración: ``En los Estados Unidos también hay periodistas presos''.

Pero el encarne de la muchacha cruza el estrecho de la Florida. Cuando llega tranquilo a Miami, abraza a sus familiares, luego de algunos años sin encontrarse, aparece la dichosa periodista y su cámara indiscreta. La estrategia es no pararse, seguir caminando por el pasillo del aeropuerto para ver si se cansa. Dice que no tiene nada que ver con el colombiano, ni con el cantante y compositor cubano que por esos días se encontraba también de visita familiar en Miami. Esta última afirmación la hace con un dejo de contrariedad, como si no le cayera bien su colega. Sobre la libertad y los periodistas presos prefiere acogerse al no comment yanqui porque la lengua comenzó a trastabillarle y lo de él es la música, no la política.

Amaury. Siempre quiso ser Barry Manilow, lo cual resultaba incongruente y diversionista con la nueva trova, que terminó por expulsarlo de sus filas aguerridas. En una entrevista reciente concedida en Cuba, luego de su experiencia miamense, aparece en un sofisticado atuendo, como su ídolo americano, y afirma que todo se lo debe a Silvio Rodríguez, el hombre que fuera su implacable victimario.

Antes había dicho que era hijo de Fidel Castro, ahora asegura que no pudiera dejar de ser su amigo, como si el dictador lo echara de menos cuando está de viaje. En Miami se mantuvo a buena distancia de los medios de prensa que él llama anticubanos, dados a las ``patrañas'', ``artimañas'' y ``amenazas'', los mismos que tuvieron la gentileza de hacerle eco cuando promovía desde La Habana el concierto del colombiano. Calculó bien sus intervenciones, una breve para esa exitosa periodista cubana llegada por el Mariel, y otra ciertamente glamorosa con el conductor mexicano de un noticiero nacional.

Arrobado por el viaje a la boca del lobo, en La Habana, el cantante arriesgó una poetización de la realidad: ``el amor será lo que nos salvará de la desidia, la maledicencia y el espanto'', al mismo tiempo que, mediante su antena parabólica, veía un noticiero de Miami donde un bloguero anticubano, según su calificativo, era abusado, muy cerca de su casa, a golpes y empujones propinados por la turba enardecida de su amigo, el Castro convaleciente.


Esto es sin dudas, parte de una avanzada en la agenda de la dictadura con respecto a alguna jugada política, ya bien sea influir en las conversaciones enre el gobierno de Obama y la tiranía, o en el intento en profundizar divisiones en el exilio, o simplemente, inundarnos de espectáculos que lucren con la nostalgia del cubano, pero siempre sin poder, los artistas del exilio, llevarle a los cubanos mucho de la información cultural que necesitan, es simplemente un Bypass cultural, de allá para acá, todo, de acá para allá nada, parodiando esa vieja tesis de Fidel Castro.

Tags: musica cubana fidel

Publicado por hantofe @ 4:37 PM
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